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La carne vacuna se aleja de la mesa: el consumo cayó 11,5% y marcó el peor primer semestre en 30 años
- Publicado: Miércoles, 22 Julio 2026 00:28
El mercado interno absorbió casi 132 mil toneladas menos que durante la primera mitad de 2025. El encarecimiento de los cortes por encima de la inflación, la reducción de la producción y el crecimiento de las exportaciones conformaron una combinación que llevó el consumo por habitante a 47 kilos anuales.
La carne vacuna, uno de los alimentos más representativos de la mesa argentina, atravesó durante el primer semestre de 2026 uno de sus momentos más críticos. El abastecimiento destinado al mercado interno cayó 11,5% interanual y se ubicó en el nivel más bajo para una primera mitad de año de los últimos treinta años.
Según el Informe Económico N.º 305 de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina —CICCRA—, entre enero y junio se destinaron al consumo interno 1.019.430 toneladas res con hueso, casi 132 mil toneladas menos que en igual período de 2025. La comparación histórica corresponde a la serie elaborada por la entidad desde mediados de la década de 1990.
El promedio móvil de los últimos doce meses se redujo, además, a 47 kilos de carne vacuna por habitante al año. Esto representa una caída interanual de 8,2%, equivalente a 4,2 kilos menos por persona respecto del registro observado un año antes.
Qué significa “consumo aparente”
El dato no surge de una encuesta directa realizada en carnicerías o supermercados. El denominado consumo aparente se calcula tomando la producción nacional, restando las exportaciones y sumando las importaciones:
Producción – exportaciones + importaciones.
La Secretaría de Agricultura aclara que la medición no contempla las variaciones de existencias almacenadas en cámaras frigoríficas. Por eso debe entenderse como un indicador de la carne disponible para el mercado interno y no como una medición exacta de cada compra realizada por los hogares.
Los datos oficiales disponibles hasta mayo ya anticipaban el deterioro: en los primeros cinco meses de 2026, el consumo aparente había acumulado una caída de 12,06% frente al mismo período de 2025, mientras que el consumo per cápita móvil se ubicaba en 47,36 kilos anuales.
La carne aumentó muy por encima de la inflación
Uno de los factores centrales fue el fuerte encarecimiento relativo de la carne vacuna. En los doce meses terminados en junio, los precios de los cortes vacunos aumentaron 53,6%, mientras que el nivel general del Índice de Precios al Consumidor registró una variación cercana al 33,5%.
La diferencia también fue considerable respecto del pollo entero, cuyo precio aumentó 29,9% interanual. Esa brecha favoreció la sustitución: muchas familias redujeron las cantidades compradas, buscaron cortes más económicos o directamente reemplazaron la carne vacuna por pollo, cerdo, huevos, pastas y otros alimentos de menor precio.
Durante junio, los precios de las carnes mostraron una relativa estabilización mensual. El rubro “carnes y derivados” aumentó apenas 0,1% en el Gran Buenos Aires, pero esa calma no alcanzó para revertir el fuerte incremento acumulado durante el último año ni para recuperar rápidamente el poder de compra perdido.
Menos faena y menor producción
La caída del consumo tampoco puede atribuirse solamente a la situación de los ingresos. Durante el primer semestre se faenaron 6,02 millones de cabezas, una reducción de 8,9% frente a la primera mitad de 2025.
Como consecuencia, la producción total alcanzó 1,428 millones de toneladas res con hueso, lo que significó una contracción interanual de 6,2% y casi 94 mil toneladas menos disponibles.
CICCRA vincula esta menor oferta con el ciclo ganadero de los últimos años, caracterizado por una fuerte liquidación de existencias y una elevada participación de hembras en la faena. Durante los últimos meses comenzaron a registrarse señales de retención de vientres y recomposición del rodeo, pero ese proceso requiere tiempo: retener animales hoy puede reducir la oferta inmediata, aunque permita incrementar la producción en los próximos años.
Las exportaciones crecieron mientras cayó el mercado interno
Mientras la producción y el consumo doméstico retrocedieron, las exportaciones avanzaron en sentido contrario. En la primera mitad de 2026 habrían alcanzado 408.600 toneladas res con hueso, 10,2% más que durante el mismo período del año anterior.
La participación de las exportaciones sobre la producción total pasó de 24,4% a 28,6%, mientras que la proporción destinada al mercado interno bajó de 75,6% a 71,4%.
El crecimiento fue impulsado especialmente por Estados Unidos. Los envíos a ese mercado aumentaron con fuerza durante los primeros meses del año, favorecidos por mejores condiciones comerciales, precios internacionales elevados y una mayor cuota de ingreso. La industria también proyecta ampliar las ventas hacia Europa, Israel y otros destinos de mayor valor.
Este fenómeno no implica que exportar sea negativo. Las ventas externas generan divisas, inversiones y mejores oportunidades para toda la cadena ganadera. El problema aparece cuando el incremento de la demanda internacional coincide con una producción estancada o descendente y con ingresos familiares que no alcanzan para sostener el consumo interno.
Una señal económica y social
El desplome del consumo de carne vacuna refleja una combinación de factores: menor disponibilidad de hacienda, aumento de los precios relativos, crecimiento de las exportaciones y pérdida de capacidad de compra en una parte importante de los hogares.
La paradoja es evidente: mientras la carne argentina gana mercados y mejora sus ingresos en dólares, una cantidad creciente de familias debe reducir su presencia en la mesa cotidiana.
El desafío no debería plantearse como una elección entre exportar o abastecer el mercado interno. La solución sostenible consiste en producir más, recuperar el stock ganadero, elevar el peso de faena, mejorar la eficiencia de los frigoríficos y fortalecer los ingresos reales. Sin una expansión consistente de la oferta, cualquier aumento de la demanda externa continuará trasladando presión sobre los precios internos.
La Argentina necesita una ganadería capaz de conquistar mercados internacionales sin convertir la carne vacuna en un producto ocasional para sus propios ciudadanos. El peor primer semestre en treinta años constituye una advertencia que excede al sector frigorífico: revela hasta qué punto el acceso a un alimento históricamente básico depende hoy del poder adquisitivo de cada familia.














