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Salta sí subsidia el transporte; lo que falta es sinceridad política
- Publicado: Domingo, 05 Abril 2026 20:51
Cuando un ministro habla en medio de un conflicto tan sensible como el del transporte público, no puede permitirse el lujo de simplificar la realidad hasta deformarla. Ignacio Jarsún eligió una frase de alto impacto: dijo que Salta no tiene subsidio al transporte, en contraste con Buenos Aires.
El problema es que esa expresión, dicha así, no es técnicamente correcta. Puede servir como consigna, puede sonar fuerte en una entrevista, puede incluso generar empatía en una provincia cansada del centralismo, pero no describe la realidad completa. La propia cobertura de sus declaraciones muestra que ese fue el núcleo de su argumento frente al conflicto con UTA.
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-La primera refutación es elemental: Salta sí tiene subsidio al transporte, solo que no es nacional, sino provincial. Y esto no lo dice la oposición, no lo dice un periodista molesto ni lo dice un gremio en pie de guerra: lo dicen documentos oficiales. En octubre de 2024, la AMT dejó asentado que el sistema de transporte salteño se sostiene con dos fuentes de ingresos: recaudación y subsidio provincial, y precisó que ese subsidio cubría el 65% del total en el período enero-agosto de 2024. En mayo de 2024, otro documento oficial ya advertía algo parecido: el subsidio provincial representaba el 62% del total de los ingresos del sistema entre enero y abril, y aclaraba además que ya no se computaban subsidios nacionales desde enero de ese año. |
Es decir: el problema no es que Salta no subsidie. El problema es que el Gobierno provincial quiere denunciar una injusticia real usando una frase falsa. Porque una cosa es decir que Salta no recibe un esquema nacional comparable al del AMBA, y otra muy distinta es afirmar que en Salta no hay subsidios. Sí los hay. Existen, pesan sobre las cuentas públicas y son determinantes para evitar que el boleto se dispare todavía más. De hecho, en junio de 2025 la propia AMT reconoció que la tarifa se venía sosteniendo con mayores montos transferidos por el Gobierno provincial y que el precio del boleto estaba contenido por un mayor aporte del Estado provincial.
También SAETA lo expuso sin rodeos. En junio de 2025 informó oficialmente que la tarifa plana en once municipios del área metropolitana era posible gracias a una distribución solidaria del aporte del Gobierno provincial, que subsidia en mayor medida a los usuarios del interior. Eso significa que el sistema no está huérfano de ayuda estatal: está sostenido, en gran medida, por la Provincia. Entonces, cuando Jarsún dice “Salta no tiene subsidio”, no está describiendo un vacío financiero; está haciendo retórica política.
Ahora bien, que esa frase sea falsa no significa que el fondo del reclamo carezca de razón. Ahí está el punto fino. La desigualdad con el AMBA existe. En febrero de 2024, el Gobierno nacional anunció la eliminación del Fondo Compensador del Interior, que subsidiaba a empresas prestatarias fuera del AMBA. Y al mismo tiempo, durante 2025 y también hacia fines de ese año, siguió aprobando compensaciones tarifarias para servicios urbanos y suburbanos del AMBA con recursos de la Provincia de Buenos Aires, de la Ciudad y del Estado Nacional. O sea: al interior se le quitó una herramienta clave, mientras en el área metropolitana bonaerense el sistema de compensaciones siguió vigente. Esa asimetría es real y es grave.
Pero justamente por eso la discusión merece ser planteada con rigor. Porque si Salta subsidia el sistema, entonces el Gobierno provincial no es un espectador impotente del conflicto; es uno de sus actores principales. No alcanza con señalar a Buenos Aires. No alcanza con repetir que “los argentinos somos todos iguales”. Esa frase puede servir para un discurso de tribuna, pero no reemplaza un diagnóstico serio. Si la Provincia pone dinero, fija estrategia, contiene tarifa y negocia la sustentabilidad del esquema, entonces también tiene responsabilidad directa sobre cómo se administra la crisis, cómo se ordenan las prioridades y cómo se negocia con UTA.
La verdad, ministro, sería otra. La verdad sería decir: “Salta sostiene con fondos provinciales un sistema que perdió asistencia nacional, mientras el AMBA conserva compensaciones que generan una desventaja estructural para el interior”. Esa frase sería exacta. Esa frase sería valiente. Esa frase no ocultaría nada. En cambio, decir que Salta no tiene subsidio al transporte no es una denuncia; es una verdad a medias, y en política las verdades a medias suelen funcionar como mentiras completas.
Por eso, la discusión de fondo no debería quedar atrapada en slogans. Lo que hay que discutir es el federalismo del transporte, el reparto desigual de recursos, la fragilidad del sistema del interior y la costumbre de algunos funcionarios de usar el centralismo porteño como excusa para no explicar del todo lo que pasa en casa. Porque si Salta subsidia, hay que decirlo. Y si Buenos Aires sigue teniendo un trato diferencial, también hay que decirlo. Lo que no se puede hacer es esconder una verdad detrás de otra para sacar ventaja en medio de una crisis que puede dejar a miles de salteños sin colectivo.















