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¿Por qué baja la inflación, pero los precios siguen subiendo?

Porque bajar la inflación no significa que bajen los precios, sino que los precios aumentan a una velocidad menor.

Un ejemplo sencillo:

  • Enero: un producto cuesta $1.000.

  • Con 20% de inflación, sube a $1.200.

  • Al mes siguiente la inflación baja al 2%, pero el producto pasa a costar $1.224.

La inflación bajó del 20% al 2%, aunque el precio siguió aumentando.

Para que los precios bajen de manera general tendría que existir deflación, es decir, una variación negativa del índice de precios. Por ejemplo, una inflación de −1%. Eso no está ocurriendo: en julio de 2026 el IPC fue positivo, del 2,1%.

También debe diferenciarse entre tres situaciones:

  • Inflación: los precios suben.

  • Desinflación: los precios continúan subiendo, pero más lentamente.

  • Deflación: el nivel general de precios baja.

Actualmente, la Argentina atraviesa un proceso de desinflación, no de deflación.

Además, la inflación se calcula sobre el precio ya aumentado. Si un producto pasó de $1.000 a $2.000 durante una crisis inflacionaria, una inflación posterior del 2% no lo devuelve a $1.000: lo lleva a $2.040. Los aumentos anteriores quedan incorporados.

Algunos productos particulares pueden bajar por una mayor oferta, menores costos, apertura de importaciones, promociones o caída de la demanda. Pero para que el INDEC informe deflación tendría que disminuir el promedio general de toda la canasta.

Por eso puede resumirse así:

La inflación mide la velocidad con la que suben los precios, no cuánto cuestan. Cuando baja la inflación, el aumento pierde velocidad, pero los precios no retroceden automáticamente.

El verdadero alivio para las familias aparece cuando los precios crecen menos que los salarios y los ingresos. En ese caso, aunque los precios todavía suban, comienza a recuperarse el poder de compra.

 

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