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“Con el equilibrio fiscal no se come”… ¿pero en Salta sí sirve?

El gobernador Gustavo Sáenz volvió a marcar diferencias con el Gobierno nacional.

Esta vez eligió una frase contundente:

“Con el equilibrio fiscal no se come, no se cura, no se educa ni se hacen rutas”.

La expresión tiene impacto político. También contiene una verdad parcial: un número positivo en una planilla presupuestaria no alimenta a una familia, no atiende a un enfermo, no da clases y no tapa un pozo.

Pero el problema empieza cuando el gobernador parece presentar al equilibrio fiscal y a las políticas públicas como si fueran conceptos contrapuestos.

Porque cuando miramos qué hace su propio Gobierno en Salta, encontramos exactamente lo contrario.

 

Salta  defiende el equilibrio fiscal¡¡

No lo dice Milei.

No lo dice el Ministerio de Economía de la Nación.

Lo dice la Constitución de la Provincia de Salta.

Su artículo 70 establece expresamente:

“El equilibrio presupuestario en el sector público provincial y municipal constituye un beneficio a favor de los habitantes de la Provincia”.

La misma Constitución exige una legislación de disciplina fiscal, presupuestos equilibrados y límites al endeudamiento público.

Salta además adhirió mediante la Ley Provincial 8.091 al Régimen Federal de Responsabilidad Fiscal y Buenas Prácticas de Gobierno.

Es decir:

el equilibrio fiscal que Sáenz cuestiona cuando habla de Milei es un principio que su propia provincia incorporó a su sistema constitucional y financiero.

 

El propio gobierno de Sáenz lo presenta como un logro

El 6 de enero de 2026, la vocera del Gobierno provincial, Paula Benavides, informó que Salta había terminado seis ejercicios consecutivos con equilibrio fiscal.

Y no lo presentó como algo negativo.

Todo lo contrario.

El Gobierno sostuvo que ese ordenamiento permitió reducir deuda y mantener inversión social.

Incluso afirmó que el equilibrio fiscal “no es un fin en sí mismo, sino la base para sostener políticas públicas que impacten en la vida cotidiana de los salteños”.

Entonces aparece inevitablemente una pregunta:

¿En Salta el equilibrio fiscal es “la base para sostener políticas públicas”, pero cuando lo aplica la Nación resulta que “con el equilibrio fiscal no se come”?

Las dos afirmaciones pueden convivir solamente si se explica correctamente el concepto.

Y justamente ahí está el debate.

 

El presupuesto de Sáenz tambien busca superávit

La Ley Provincial 8.518, Presupuesto General de Salta para 2026, proyectó:

Además, el mensaje oficial del Presupuesto proyecta un resultado financiero primario positivo de aproximadamente $93.002 millones.

Eso tiene un nombre:  Se llama disciplina fiscal.

Y no parece que el Gobierno provincial considere que conseguirla impida automáticamente curar, educar o construir.

Por el contrario, la administración Sáenz asegura que Educación, Salud y Seguridad concentran alrededor del 87,3% de las prioridades presupuestarias provinciales.

Entonces la verdadera discusión no debería ser:

“equilibrio fiscal o políticas públicas”.

La pregunta debería ser:

¿qué políticas públicas se financian con unas cuentas equilibradas?

Porque gastar más de lo que ingresa tampoco garantiza una buena escuela, un hospital funcionando o una ruta transitable.

 

En abril, Sáenz ordenó ajustar para conservar el equilibrio...

Existe un dato todavía más reciente.  El 9 de abril de 2026, el propio gobernador firmó el Decreto 206/26.

¿Su objetivo?

El texto oficial habla expresamente de adoptar medidas para mantener el:

“equilibrio presupuestario público provincial”.

El decreto dispuso durante 180 días, entre otras medidas, el congelamiento de incrementos remunerativos para las máximas autoridades del Poder Ejecutivo y restricciones a vacantes y nuevas contrataciones.

Los fundamentos son todavía más interesantes.

El Gobierno provincial sostuvo que Salta había mantenido el equilibrio fiscal desde diciembre de 2019 y que, ante la caída de la recaudación y del consumo, debía aplicar medidas para “preservar la continuidad del equilibrio fiscal” y garantizar los servicios esenciales.

Traducido:

cuando caen los ingresos en Salta, Sáenz contiene el gasto para no perder el equilibrio fiscal.

Es prácticamente el mismo principio económico que cuestiona cuando lo aplica la Nación.

 

Pero Sáenz tiene un reclamo que no debe ser ignorado

Sería intelectualmente deshonesto desconocer la otra parte de la historia.

La llegada del gobierno de Javier Milei produjo una fuerte reducción de la obra pública nacional.

En Salta quedaron paralizados proyectos que tenían financiamiento nacional.

En junio de 2024, Nación y Provincia tuvieron que firmar convenios para determinar qué obras continuaría financiando el Estado nacional y cuáles serían absorbidas por la Provincia.

Según el propio Gobierno salteño, había 118 obras paralizadas y Salta decidió hacerse cargo con recursos provinciales de 65 de ellas.

Por lo tanto, cuando Sáenz reclama por las rutas nacionales o por obligaciones que corresponden constitucional y administrativamente a Nación, hay una discusión federal legítima.

Las rutas nacionales deben mantenerse.

Los convenios deben cumplirse.

Y si Nación asumió compromisos financieros, debe honrarlos.

Defender el equilibrio fiscal tampoco autoriza al Estado nacional a incumplir obligaciones legalmente asumidas.

Ese reclamo merece ser escuchado.

 

Pero Satta depende enormemente de recursos Nacionales

También hay que observar otro número.

El Presupuesto provincial 2026 calcula aproximadamente $2,779 billones en ingresos tributarios de origen nacional sobre $3,866 billones de ingresos corrientes.

Eso representa cerca del 72% de los ingresos corrientes presupuestados.

Es decir: Aproximadamente siete de cada diez pesos de ingresos corrientes previstos por Salta tienen origen tributario nacional.

 Esto demuestra dos cosas.

Primero, que el federalismo fiscal argentino necesita una discusión profunda.

Pero segundo, que tampoco puede instalarse la idea de que Nación dejó simplemente de enviar dinero a Salta.

Los recursos automáticos —entre ellos la coparticipación— continúan llegando.

De hecho, durante 2025 Salta terminó siendo la provincia con mayor crecimiento real de transferencias automáticas del país: 4,3% respecto de 2024, aunque el contexto general seguía por debajo de años anteriores.

Durante 2026 los resultados volvieron a deteriorarse: en junio Salta recibió alrededor de $261.217 millones en transferencias automáticas, con una caída real interanual estimada del 2,6%.

Por eso hay que separar conceptos.

Una cosa es coparticipación automática.

Otra son transferencias discrecionales.

Otra es financiamiento específico de obras nacionales.

Mezclarlas conduce a conclusiones equivocadas.

 

Incluso la reducción de la deuda de Salta dependió del ordenamiento fiscal

Existe además otro logro que Sáenz suele reivindicar.

Según el gobernador, la deuda pública provincial pasó de aproximadamente US$640 millones en 2019 a US$346 millones al cierre de 2025.

Reducir deuda mientras se mantienen servicios requiere justamente controlar ingresos y gastos.

Es difícil entonces argumentar que el equilibrio fiscal carece de utilidad cuando el propio gobernador utiliza los resultados derivados de esa disciplina como prueba de la calidad de su administración.

"NO SE COME DEL EQUILIBRIO FISCAL. SE COME DE UNA ECONOMÍA QUE FUNCIONA"

Y aquí está, posiblemente, el punto donde debería centrarse la discusión.

Es cierto: Nadie sirve un plato de equilibrio fiscal en una mesa.

Pero tampoco se come de la inflación.

No se cura con emisión monetaria descontrolada.

No se educa acumulando deuda que después alguien deberá pagar.

Y tampoco se construyen rutas eternamente gastando recursos que el Estado no tiene.

El equilibrio fiscal no es una política sanitaria, educativa ni alimentaria.

Es una condición financiera.

Después viene la verdadera responsabilidad política: Decidir qué hacer con los recursos.

Un gobierno puede tener equilibrio fiscal y administrar mal.

Puede gastar millones y tener hospitales deficientes.

Puede aumentar el presupuesto educativo y no mejorar los aprendizajes.

Puede disponer de fondos para obras y ejecutarlas mal.

Del mismo modo, tener déficit tampoco demuestra sensibilidad social.

Un Estado puede gastar muchísimo, endeudarse, emitir dinero y aun así fracasar en solucionar los problemas de su población.

Entonces, hablemos de resultados...

La frase “con el equilibrio fiscal no se come” sirve para un título.

Pero no alcanza para explicar cómo debe administrarse un Estado.

Y menos cuando la propia administración provincial lleva años reivindicando exactamente ese equilibrio.

Si queremos discutir seriamente, discutamos:

Porque quizás la frase correcta sea otra:

Con e equilibrio fiscal solo no se come

Pero sin equilibrio fiscal tampoco existe política pública sostenible.

Y sobre todo:

Con los recursos públicos mal administrados, no come nadie...

Ese debería ser el verdadero debate.

No Milei contra Sáenz.

No Nación contra Provincia.

Resultados contra relato.

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