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Crimen de las francesas: el ADN que vuelve a poner bajo sospecha una causa que nunca terminó de cerrar

Quince años después, la causa por el brutal crimen de Cassandre Bouvier y Houria Moumni vuelve a quedar expuesta frente a una verdad incómoda:


La investigación que durante años quiso mostrarse como encaminada, hoy vuelve a depender de nuevas pericias genéticas, exhortos internacionales y muestras biológicas que recién ahora parecen recibir el tratamiento que el caso exigía desde el principio. La Unidad Fiscal Especial confirmó en las últimas horas que se realizarán cotejos con un perfil genético femenino obtenido por expertos en Francia, una novedad que puede servir para descartar una contaminación técnica, pero también para dejar al descubierto que todavía hay cabos demasiado gruesos sin atar.

La fiscalía citó a distintas mujeres para extraer muestras genéticas y compararlas con ese perfil detectado en Francia. Entre ellas figuran la médica que intervino en la autopsia, profesionales del Laboratorio de Huellas Genéticas de la UBA y mujeres vinculadas al entorno del condenado y de otros imputados. Casi todas comparecieron de manera voluntaria. La excepción fue la pareja de Santos Clemente Vera, que no se presentó ni justificó formalmente su ausencia. En una causa de semejante gravedad, cada ausencia pesa, cada silencio hace ruido y cada demora alimenta una pregunta inevitable: ¿por qué recién ahora?

El nuevo movimiento judicial se apoya además en otro dato de enorme sensibilidad: la recuperación de remanentes de hisopados tomados a las víctimas en 2011, que estaban preservados en el Laboratorio de Huellas Genéticas de la UBA. Esas muestras fueron localizadas, trasladadas a Salta el 20 de marzo y quedaron bajo análisis para determinar si la tecnología actual permite obtener resultados que hace quince años no pudieron conseguirse. Traducido al lenguaje llano: la ciencia de hoy podría desnudar falencias, apuros o límites de la investigación de ayer.

El dato político y judicial de fondo es todavía más fuerte. La causa jamás logró transmitir una sensación plena de cierre. Aunque hubo condenas y una estructura judicial ya montada sobre el expediente, la necesidad de reactivar estudios genéticos, revisar hisopados antiguos y profundizar la cooperación con Francia muestra que la verdad completa sigue siendo una deuda. Y esa deuda no es menor: se trata de uno de los crímenes más estremecedores y más sensibles de la historia reciente de Salta.

En este contexto, el padre de Cassandre, Jean-Michel Bouvier, volvió a insistir en que concentra toda su energía en la búsqueda de la verdad. Su postura no es la de alguien aferrado al pasado, sino la de quien advierte que todavía puede haber responsables sin identificar y que los avances tecnológicos abren una ventana que durante años permaneció cerrada. Que sea Francia la que hoy aporte un perfil genético capaz de reordenar la causa también deja una lectura inevitable: la investigación todavía necesita respuestas que no consiguió producir por sí sola en la Argentina.

El punto central, entonces, no es solamente la aparición de un nuevo perfil de ADN. El punto central es que el caso de las francesas vuelve a demostrar que una causa judicial puede tener sentencia, pero no necesariamente verdad completa. Y cuando un expediente tan grave necesita, quince años después, volver a los hisopados, volver a la genética y volver a pedir ayuda internacional, lo que queda bajo revisión no es solo una prueba: queda bajo revisión toda la solidez de la investigación.

 

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